Nosotros estamos acostumbrados a rozarnos, a comunicarnos, a hablar con los que tienen a Dios, y nosotros creemos que todos los que tienen a Dios son muy buenas personas, pero debemos de recordar que la iglesia es un sanatorio donde vamos a ir sanándonos de acuerdo a nuestro entendimiento, nuestra capacidad y nuestra fe.
Es importante reconocer que todos tenemos imperfecciones, por eso el amor de Dios fue tan fuerte, porque cuando El nos creó, nos creó con la imagen de sí mismo, de la perfección. El plan de Dios era que todos fuésemos perfectos, pero ese plan falló, increíble que el plan de Dios fallara en una cosa tan perfecta porque el "molde" era perfecto pero se hizo imperfecto al conectar al hombre en ese molde.
Yo me imagino que Dios se puso a soñar con nosotros y pensó que éramos como El. Y cuántos de nosotros nos creemos perfectos y no miramos la plantilla vieja, mala de donde salimos todos. Aunque la Palabra de Dios nos esté perfeccionando aún no somos perfectos, y en nuestros hogares pueden haber anatemas, pero creemos en Jesucristo y creemos que el único que puede levantar el anatema de nuestros hogares es El. No podemos remover la roca que tapó la tumba del Señor, pero un ángel sí la puede remover.
Muchos vivimos dentro de las iglesias sin conocer los mandamientos, mucho menos guardarlos. Si tú no conoces los mandamientos no los puedes guardar, pero a la vez que tú los conoces puedes guardar algunos de ellos. Cuando conocemos los diez mandamientos nos damos cuenta que es muy difícil cumplir con ellos, mucho menos cuando tenemos hijos porque el pecado arrastra a los que no están en la Palabra, a los que la iniquidad la traen desde sus generaciones pasadas, y los que aún conociendo a Jesucristo siguen pecando. Se peca con la boca, se peca con el pensamiento, se peca con un juicio, con una mirada dura, con una falta de perdón. Yo simplemente advierto a la iglesia que no levante su dedo para juzgar porque con la boca podemos errar cuando juzgamos. No creo que haya una familia mejor que la otra, creo que si la otra no es mejor es porque no tiene a Cristo.
¿Y qué sucedería si viéramos del altar salir humo y que el altar se consumiera? Yo anhelo ver eso. Eso sería la presencia de Dios sobre la iglesia. Los diez mandamientos fue presencia de Dios en la roca. Tuvo que venir el fuego de Dios a escribir lo que nosotros muy pocas veces practicamos.
Nos sigue amando ese Padre, nos sigue perdonando ese Padre, nos sigue levantando ese Padre cuando herimos a otro hermano, cuando lo señalamos con el dedo, pero te voy a decir que lo que tú señalas viene para ti después. Es mejor humillarnos y decirle a un hermano que está en pecado: "Dios es poderoso para levantarte. Lo que tú no puedes, El sí puede." I Juan 2:4 "El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él;"
I. NO AMAR A TU PROJIMO
Cuando un cristiano oye hablar tan mal de otros, uno coge temor porque pensamos que no hay amor. Cuando nos hieren y duele, el cristiano ¿qué hace? calla y no salen de su boca ni serpientes ni escorpiones. Pero ¿cómo medir ese amor? Porque un prójimo puede ser un hermano, una hermana, un hijo, un vecino, un amigo, cualquier persona. El amor hay que demostrarlo, mi recomendación pastoral es que no digas a nadie que tú amas, mejor demuéstralo en el camino perdonando, orando, ayunando, sirviendo, respondiendo con paz.
II. EL AMOR AL PROJIMO SE PRUEBA ENTRE NOSOTROS
Nosotros podemos ver, recibir y observar como se mueve el amor en el pueblo. Por ejemplo: cuando uno ordena es por amor al prójimo, cuando uno limpia es por amor al prójimo. La casa de Dios es la mejor casa en orden, la casa de Dios tiene que brillar en limpieza, en olores fragantes.
Cuando uno tiene a Cristo en el corazón no tiene que buscar ni de misericordia ni de amor, ese amor brota, fluye, y es cuando puedes acostarte por la noche, cansado por las actividades del día, pero en paz. La paz es la mejor "pastilla" que tienes para dormir.
Cuando nos hemos endemoniado por circunstancias de pleitos o de guerra, los demonios vienen en contra del prójimo. Para conocimiento tuyo, cuando tú sientas olor a trapo quemado, aún en tus ropas, tienes que saber que ahí hay demonios de guerra en contra del prójimo.
Es importante que el miembro activo, que el miembro espiritual, que el miembro creyente en Jesucristo sepa tomar autoridad y decirle a todo demonio de guerra: "Eres condenado por la sangre de Cristo y no estás sobre mi cuerpo, sobre mi cabeza ni mis emociones."
1 Juan 4:8 "El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor." ¿Sabes qué da el amor? Entendimiento y el entendimiento da misericordia y la misericordia te proyecta en sabiduría.
1 Juan 4:20 "Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto?" ¿Cómo no darle un plato de comida a un nieto, a un sobrino, a un vecino?
III. ¿QUE PASA CON LA GENTE QUE NO CONOCE A DIOS?
¿Qué pasa con la gente que no conoce a Dios? Que pecan y siguen haciendo lo malo. ¿Cuál es la bendición de nosotros? Que nos arrepentimos, que reconocemos que nuestros hijos han hecho lo malo, que no diezman, que dicen que nos aman y no nos aman, que mienten y nosotros seguimos, pero cuando nosotros nos arrepentimos, recordándoles que arrepentimiento no es un sentimiento, arrepentimiento es una acción, una decisión, una determinación que solamente con la ayuda de nuestro Señor Jesucristo esa debilidad y ese arrepentimiento son fortalecidos por su amor.
Siempre vamos a tener oposición. Los malos no van a ver la oposición porque la oposición es mala y ellos van a seguir haciendo lo que la oposición quiere que hagan. Pero ya regenerados como buenos, vamos a tener más oposición; el enemigo, los demonios y los que manda Satanás te van siempre a intuir, a dirigir, a hacer lo que a Dios no le agrada y es ahí cuando la lucha de nosotros los cristianos comienza, pero es donde el amor de Dios se puede reflejar en nuestras vidas en una forma total y "amarrarnos". No se juzguen, siempre piensen que esos motivos de ira, de cólera, de golpes, de maldiciones, de pecado, hay una causa en la cual tú, llamado a ser bueno, debes de ayudar a que lo malo de tus hijos se vayan antes de que fomenten familias, porque esos nietos van a tomar esas raíces. Nos conviene mucho cerrar la boca y no juzgar porque un día nos puede un hermano, una hermana, un nieto, un familiar.
A cuántos homosexuales hemos ayudado a entrar a la vida plena buena; a cuántas prostitutas le has podido dar un tratado; a cuántos drogadictos los has ayudado a salir de la droga. Yo puedo hablar así porque he tenido estos privilegios y he sido muy bendecida al ayudar a los necesitados, porque ellos no son malos, son necesitados. ¿Cómo entender esto? Los que tienen estos problemas me pueden entender mejor; los que no tienen estos problemas juzgan porque no tienen a Dios, recuerden que ustedes no los pueden edificar, es el Espíritu Santo quien los puede edificar. Tú proyectas, pero el que termina la obra es el Espíritu Santo.
1 Juan 3:6 "Todo aquel que permanece en él, no peca; todo aquel que peca, no le ha visto, ni le ha conocido."
No podemos juzgarnos tan abruptamente de decir: "Yo le conozco, yo le amo, yo tengo el bautismo, yo creo en Jesucristo, yo diezmo, yo hago la obra." Tú eres de Cristo, pero tienes ciertas debilidades, ciertas situaciones; como un ídolo que tengas en tu casa, que no es tuyo y que el hogar tampoco es tuyo. Lo tienen los que conviven contigo. ¿Por ser cristiano les vas a decir que rompan ese ídolo? Esa no es la mejor manera; la mejor manera es enseñar con la Palabra lo que es la idolatría. Nosotros tenemos una fuerza interior que emana en nosotros, que es la verdad, que podemos ejercitarla. Hay que insistir en la verdad y te toca, entonces, seguir programando la Palabra para que la crean.
III Juan 11 "Amado, no imites lo malo, sino lo bueno. El que hace lo bueno es de Dios; pero el que hace lo malo, no ha visto a Dios."
Estas son palabras que uno tiene que retener. El que roba, por muy pequeño que sea lo que tú te lleves, robaste. No hagas lo malo, aunque otros no te vean, Dios sí te ve. Hagamos lo bueno y edifiquemos con los diez mandamientos.
Amén.
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