No todo el mundo sabe ser mayordomo. La palabra mayordomo es una palabra activada por el Espíritu Santo en nosotros porque no solamente hay que ser mayordomo del gobierno de nuestros deseos en nuestros cuerpos, sino que hay que ser mayordomo de nuestra casa, de nuestro trabajo y en nuestra iglesia.
Ningún cristiano puede tomar un trabajo que le quite la mayordomía de su casa ni la de su iglesia. Ningún cristiano puede dejar de ser un mayordomo fiel a Dios en los talentos y dones que El le da.
Cuando Dios da un don, el Espíritu Santo, que es el mayordomo por excelencia, está esperando cómo tu vas a emplear ese don. Si ese don se vuelve un ego para ti y te das toda la gloria a ti mismo te cierra la ventana de intercesión y espera que tú vuelvas a ser un mayordomo fiel sobre los dones que Dios te ha dado. Muchas personas pueden preguntarse ¿Por qué unos tienen más dones que otros? La respuesta es porque unos son mejores mayordomos que otros.
El mayordomo debe de darle a Dios lo que a Dios le pertenece. Si son talentos, talentos; si tu mayordomía está en tus manos, en tu voz, en el aseo, en la carpintería, en el trabajo manual, esa mayordomía es de Dios; si tu mayordomía está en el intelecto de la enseñanza, esa mayordomía tiene que ir a Dios. O sea que ser mayordomo es ser un administrador de todo cuanto el hombre pueda poseer sobre la tierra.
I. COMO JESUS EXPRESO LA MAYORDOMIA
Mateo 13:3-9 "Y les habló muchas cosas por parábolas, diciendo: He aquí el sembrador salió a sembrar...aquí hay un trabajador...y mientras sembraba, parte de la semilla cayó junto al camino; y vinieron las aves y la comieron...así que éste no fue un buen trabajador, porque cuando haces los surcos, las semillas tienen que estar dentro de éllos, y muchos de nosotros no sembramos bien lo que cosechamos. Muchos de nosotros oímos pero no aplicamos lo que aprendemos. Esta parábola tiene mucha enseñanza porque cuando este trabajador salió a sembrar no sembró bien. Unas semillas no cayeron dentro de los surcos sino que cayeron fuera de los surcos, y por lo tanto alguien robó la semilla que él esparció. Eso le pasa al Pastor cuando forma líderes y enseña. Muchas de las enseñanzas no llegan al fondo del líder, sino que llegan a los lomos y al frente, y cuando viene el viento se lleva la enseñanza del frente y se lleva la enseñanza de los lomos. A veces las iglesias quedan desprovistas de líderes porque siempre va a haber alguien que no va a dar buenos frutos. Cuidémonos de ser mayordomos que demos buenos frutos. Que las parábolas germinen en tu vida como hombre o como mujer para que hayan frutos de enseñanza dentro y fuera, y que vea que la luz de Cristo ha podido ser en ti algo menor de lo que tú y yo somos hoy todavía. Y dice la parábola que vinieron las aves y la comieron; que parte cayó en pedregales (sigue el mal sembrador, el mal mayordomo). Nosotros no podemos llevar el evangelio a hogares cuando el Espíritu nos dice que no vayamos. No vayas a tocar a puertas que no haya frutos. El mayordomo del evangelio tiene que tener visión y sabiduría para ir a lugares donde haya frutos.
Hay que orar para saber a dónde se lleva el fruto, no vaya a ser que la semilla del evangelio caiga en pedregales donde no hay fruto, donde se pierda tu labor eficaz.
Continúa diciendo la parábola: parte cayó en pedregales, donde no había mucha tierra; y brotó pronto, porque no tenía profundidad de tierra; pero salido el sol, se quemó; y porque no tenía raíz, se secó. Y parte cayó entre espinos; y los espinos crecieron, y la ahogaron. Pero parte cayó en buena tierra, y dio fruto, cuál a ciento, cuál a sesenta, y cuál a treinta por uno. El que tiene oídos para oír, oiga".
Qué severa es esta palabra cuando el mismo Jesús conocía nuestros pensamientos para todos los tiempos, para todos los siglos. No hay nadie que pueda hablar para todos los siglos, solamente el Espíritu Santo. En Jesucristo vemos la Persona que pudo hablar para todos los siglos, para todas las generaciones, para todas las razas, para todas las naciones.
Cuidémonos de no ser mayordomos que después de saber lo que tenemos qué hacer, sembremos fuera de los surcos, sembremos en las piedras y sembremos en los espinos, porque todo eso lo vamos a perder. A nosotros los Pastores nos pasa lo de esta parábola. Nosotros los Pastores somos dañados cuando no tenemos esta parábola dentro de nosotros, porque sembramos en donde no hay fruto, y donde no hay fruto no hay cosecha.
Mayordomía tiene que hacer una nueva inversión y esa inversión es la de saber qué tierra soy yo para Cristo. ¿Soy de las que están fuera del surco? ¿soy una inversión de tierra que estoy sobre la roca donde no hay profundidad y me voy a secar o cualquiera me puede cambiar la dirección? ¿soy de las que alrededor hay espinos y esos espinos van a ahogarme? Entonces tenemos que entender qué tipo de mayordomos somos en la viña del Señor. Esta es una parábola grande porque El termina diciendo, airado: "El que tenga oídos para oír, oiga."
¿Todavía hay que seguir poniendo remiendos? ¿sigues presentando las mismas luchas en la obra? ¿todavía hay que orar por ti, aunque seas un líder, en vez de que tú ores por el liderazgo?
II. LA MAYORDOMIA EN EL LIDERAZGO
El que no lee la Palabra no tiene crecimiento; el que no ve la Palabra como el único manual para ser un terreno bueno nunca tendrá prosperidad.
Mateo 13:24-30 "Les refirió otra parábola diciendo: El reino de los cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en su campo...tenía un buen campo propio y buena semilla...pero mientras dormían los hombres, vino su enemigo y sembró cizaña entre el trigo, y se fue. Y cuando salió la hierba y dio fruto, entonces apareció también la cizaña. Aquí hay un problema en la mayordomía. Después de que sudaste, abriste el surco, compraste la semilla, la sembraste y dio fruto ¿Cómo vas a arrancar el fruto porque la cizaña quiera llevarte para otro lado? Vinieron entonces los siervos del padre de familia y le dijeron: Señor ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde, pues, tiene cizaña? Si sembraste lo mejor, no puede esa hierba mala ahogar los frutos. ¿Cómo te vas a dejar ahogar por el cizañador? Aunque sea por teléfono ¡recházalo inmediatamente! El les dijo: Un enemigo ha hecho esto. Y los siervos le dijeron: ¿Quieres, pues, que vayamos y la arranquemos? El les dijo: No, no sea que al arrancar la cizaña, arranquéis también con ella el trigo. Dejad crecer juntamente lo uno con lo otro hasta la siega; y al tiempo de la siega yo diré a los segadores: Recoged primero la cizaña, y atadla en manojos para quemarla; pero recoged el trigo en mi granero". Mucho cuidado. Tú sentado en tu casa limpia, soberana, dejar entrar una cizaña te va a costar años de progreso. Todo lo que estaba arriba se paraliza. Dios tenía promesas y profecías para ti, pero todo se paraliza. Inclusive no te las da a ti, te ama tanto que da las bendiciones a los que están en tu contorno para seguir bendiciéndote, pero a ti directamente no te las da.
III. LA MAYORDOMIA EN OTROS TERMINOS
Mateo 13:44 "Además, el reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo, el cual un hombre halla, y lo esconde de nuevo; y gozoso por ello va y vende todo lo que tiene, y compra aquel campo". Cuando Jesús se entronó con el hombre le dijo al Padre: "Yo compro esos campos. Yo invierto mi sangre por esos campos". Esto de mayordomía no lo está hablando la teología, lo está hablando Jesús en parábolas discernidas por la Tercera Persona de la Trinidad que es su Santo Espíritu. A El sea toda la gloria de este rico conocimiento.
IV. LA MAYORDOMIA ABARCA TODA LA VIDA
El sistema de mayordomía abarca toda la vida y Jesús nos mira como una perla. Tal es así, que las puertas para sus apóstoles son de perla, porque El nos ve como una perla de gran precio. Ya nos vio como un gran campo; ya supo que tenía que diezmar su sangre por nosotros; pero amándonos tanto y viéndonos tan hermosos y tan perfectos por su sangre, nos comparó a una gran perla de un gran precio. Así que cuando no inviertes en tu vida la unción que Dios tiene para ti, tú estás menospreciando lo que Jesús ve en ti.
Mateo 13:45 "También el reino de los cielos es semejante a un mercader que busca buenas perlas". El evangelio es una gran inversión. Cuando caminas tocando puertas llevando el evangelio, estás poniendo sobre tu corona grandes sumas de riquezas.
V. LA MAYORDOMIA DEL PERDON
Cuando pecas ¿te gusta que Jesús te perdone el pecado? ¿Y por qué a nosotros nos es tan difícil perdonar a un hermano, a un amigo, a un vecino, a un líder, a un Pastor?
Mateo 18:21-35 "Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete? Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aún hasta setenta veces siete. Por lo cual el reino de los cielos es semejante a un rey que quiso hacer cuentas con sus siervos. Y comenzando a hacer cuentas, le fue presentado uno que le debía diez mil talentos. A éste, como no pudo pagar, ordenó su señor venderle, y a su mujer e hijos, y todo lo que tenía, para que se le pagase la deuda. Entonces aquel siervo, postrado, le suplicaba, diciendo: Señor, ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo. El señor de aquel siervo, movido a misericordia, le soltó y le perdonó la deuda. Pero saliendo aquel siervo, halló a uno de sus consiervos, que le debía cien denarios; y asiendo de él, le ahogaba, diciendo: Págame lo que me debes. Entonces su consiervo, postrándose a sus pies, le rogaba diciendo: Ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo. Mas él no quiso, sino fue y le echó en la cárcel, hasta que pagase toda la deuda. Viendo sus consiervos lo que pasaba, se entristecieron mucho, y fueron y refirieron a su señor todo lo que había pasado. Entonces, llamándole su señor, le dijo: Siervo malvado, toda aquella deuda te perdoné, porque me rogaste. ¿No debías tú también tener misericordia de tu consiervo, como yo tuve misericordia de ti? Entonces su señor, enojado, le entregó a los verdugos, hasta que pagase lo que le debía. Así también mi Padre celestial hará con vosotros si no perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas".
El Señor nos perdonó una gran deuda. Siendo reos de muerte nos perdonó el calvario; siendo reos del infierno nos quitó el infierno.
Una buena mayordomía es cuando tú das los dones de tu vida, de tu tiempo, y que te mantengas vigilante de la mayordomía de tu salvación hasta la segunda venida de Nuestro Señor Jesucristo.
Amén.
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